En algún momento después de los siete años de edad, el gallo concibe en su vientre un huevo. Consciente de esto, y maravillado de sí mismo, siente una gran angustia, de hecho la mayor que animal alguno podría llegar a sufrir. Lleno de una ansiedad consumiente, cava discretamente con sus patas un agujero en un cálido estercolero o quizás en un establo, a donde acude repetidamente con la esperanza de desembarazarse del peso que lo agobia. Al tiempo de eclosionar, se abre paso a través del cascarón el basilisco cuyo nombre, que significa pequeño rey, nos ilumina acerca de su condición, siendo que todos los reptiles le temen y respetan, y sobre todos ellos gobierna como su soberano.
El basilisco es un hibrido: parte gallo, parte serpiente. Tiene cabeza, cuello y pecho de gallo, siendo el resto de serpiente. Sus ojos son de un rojo ígneo combinado con un negro brumoso. También posee manchas blancas. Es de plumaje amarillo, con alas espinosas y cuya cola puede terminar en cabeza o garfio. No es una criatura extremadamente grande, sino más bien pequeño pero no menos peligroso.
Cuatro son los ataques, todos temibles, que se atribuyen al basilisco. En primer lugar está su mirada venenosa, sin embargo, para poder matar a una persona debe verla primero, ya que si el hombre lo ve antes, el basilisco pierde su mirada letal.
También es muy peligroso su aliento de fuego o su silbido, este último es tanto o más letal que su mirada. Su picadura es asimismo fatal, ya que produce hidrofobia y linfatismo. Además, se afirma que se lo encuentra en yermos y desiertos, no sólo porque son éstos de su agrado, sino porque muerte, sequía y devastación es lo único que queda a su paso, ya que todo lo que toca o pisa se seca y muere.
El desierto de Sandubia está lleno de basiliscos. Las personas que viven allí han aprendido a convivir con ellos y saben qué medidas tomar para evitarlos, sin embargo, sigue siendo uno de los mayores peligros de esa zona.
A la hora de enfrentarse con un basilisco deben saberse dos cosas. La primera de ellas es que las comadrejas son el gran enemigo de los basiliscos debido a que son inmunes a sus ataques. La segunda cosa que debe saberse es que su mirada se refleja en los objetos. Conociendo esta propiedad es posible engañarlo, interponiendo entre los ojos de la bestia y los del hombre un trozo de vidrio o cristal y su mirada rebotará hacia él mismo, causándole la muerte.
A pesar de todo, algunas personas, seguramente hechiceros poderosos, han conseguido domesticar basiliscos jóvenes, obligándoles a guardar lugares y riquezas.

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