La belleza indómita de aquel nuevo escollo en nuestro camino hizo que me recorriera un escalofrió a través de la espinada.
Ella era la guardiana del castillo, un ser arcano que había estado vinculado a esa localización mística mucho antes de que fuera construido el castillo, de inconmensurable poder y caprichosos actos, ese ser del infierno no nos atacaría si demostrábamos ser amables y no contradecíamos ninguno de sus preceptos.
Con pasos lentos me dejé ver, acto seguido hice una amplia reverencia.
Cerca de un ser del inframundo mi cuerpo tuvo leves convulsiones y al volver a levantarme, mi cuerpo irradiaba un aura de poder, un leve resplandor de color verde emanando de mis hombros me confirió un aspecto antinatural.
-Soy Talmannon- dije sin que se notara ningun atisbo de mentira en mi rostro -es todo un honor-.
Efectivamente mi segunda esencia había tomado mi cuerpo y estaba haciendo acto de presencia, el hecho de estar cerca de un demonio suele provocar estos efectos en mi espíritu.
Un gran salto y la demonio estaba al lado de los dos seres....-Bienvenida Esther, hace mucho que no me visitabas y bienvenido Talmannon, eres un nigromante muy interesante! Se a lo que vienes vampiresa y tengo ordenes a que no lo consigas de parte de tu padre pero también tengo ordenes de un ser superior en el infierno que quiere que te lleves lo q vienes a buscar, pero que no vuelvas nunca mas a no ser que sea para verle a el.- dijo ella pasando sus largos dedos por el rostro de ambos seres, le gustaba el tacto de sus pieles una tan fría y fina y la otra calida y suave...
El fuego del inframundo llenó mis entrañas con el contacto del ser demoníaco. Primero di un paso atrás para hincar una rodilla en el suelo y besar su mano con dulzura.
- Que honor el mió al estar ante un ser tan benevolente, prometo no hacer nada que pueda molestarla.- Dije, y di una indescifrable mirada hacia Esther.
Esther miró sorprendida al ser que se encontraba delante de nosotros, una sonrisa de mejilla a mejilla iluminó su cara y acto seguido se dirigió hacia los estantes para dejarnos a solas.
-Que bien al fin un caballero digno de admiracion,pero dime nigomante, ¿Te gustaria conocer el infierno?- Me preguntó la demonio mientras me miraba a los ojos acercando su rostro a escasos centimetros de los mios.
-Lo cierto es que ya lo conozco, y muy de cerca, parte de mi alma habitó ahí por décadas, aún siento el calor...-
dije, y aguanté durante unos segundos aquella mirada, que en cierto modo me resultaba muy familiar -ahora, si no te importa, mi señora y yo tenemos asuntos pendientes que resolver- Y me separé un poco.
-No te precipites tanto, aun quiero saber algo, ¿Porque sigues a una vampiresa cuando puedes estar a mi lado?- Me pregunto la demonio aguantando su menton y acercandose aun mas, manteniendo la vista fija. Mientras me probaba.
Le contesté telepáticamente: << - El infierno puede ser del agrado de un alma condenada como lo fue la mía, pero ahora formo parte de otro ser, somos uno de solo y desde luego que el infierno no es un sitio adecuado para un cuerpo humano. Y esta vampiresa será mi protección en este mundo convulso que ahora me es más conveniente. No obstante no dudes en que en un futuro próximo serviré a su causa. Alguien con mi poder no necesita servir a nadie, pero por el momento me es conveniente estar al lado de Esther, solo eso->>
- Ella es ahora mi ama y señora. Y por el momento tenemos un objetivo común.- dije tajante.
La demonio quito la mano de golpe de mi mentón.
-Ya veo, asique ama y señora... muy bien. Pues vete tras de ella!- Me dijo la demonio molesta por mi rechazo.
Viendo la posibilidad de haber enfadado a un ser tan poderoso, me aparte un poco e hice una leve inclinación. En mi mano apareció una flor con petalos de fuego, desprendiendo un calor practicamente infernal y se la entregué. Con el contacto de la diosa, la flor estalló en un montón de fuegos artificiales de todos los colores.
La demonia me miro sorprendida.
-Vaya, no esta mal nigromante, por el momento te dejo pasar. Pero que sepas que la proxima vez me gustaria que te unieras a mi en vez de a una debil vampiresa.
Dijo ella acercandoseme y besandome en la boca.
-Cuidate, Nigromante.
Dijo ella y desaparecio dejando un rastro de humo negro y rojo.
Curiosos seres... pensé para mis adentros mientras mis labios todavia saboreaban el tacto de tan calida y perfumada esencia...
Al alejarse ella, Talmannon fue abandonando mi ser y mis rasgos volvieron a ser los de siempre.
Sin tan siquiera inmutarme me giré hacia Esther y la escruté con inmutable expresión.
_________________
La oscuridad se cernira sobre el mundo
los relámpagos hendirán el cielo
los ríos bajarán convertidos en sangre
y la guerra sacudirá la tierra.
Las legiones de no muertos se alzarán de sus tumbas
la muerte guiará sus pasos
y su único proposito será conquistaros
