Un vampiro es una criatura que se alimenta de sangre de seres vivos para mantenerse activo. Se caracterizan por su elegancia, sensualidad y frialdad.
Son inmortales, pueden llegar a tener centenares de años. Aún y así tienen algunas debilidades que deben tenerse en cuenta antes de enfrentarse a ellos. En primer lugar está el sol, que quema su piel e incluso puede llegar a matarlos, así que son seres nocturnos: duermen durante la noche y viven de noche. Su segundo punto débil son los ajos, con solo olerlos empiezan a sentir un fuerte mal estar y dolor de cabeza; en contacto con su piel, el ajo les quema dejando profundas cicatrices que no regeneran. Además, no pueden cruzar los ríos ni entrar en casas ajenas si no han sido invitados con anterioridad. Solo morirán si son degollados o bien se les clava una estaca de madera en el corazón.
Tienen algunos conocimientos sobre magia negra, aunque su capacidad mágica es muy débil. Sin embargo, poseen una extraordinaria fuerza física que no se suele corresponder a sus esbeltos y, en apariencia, débiles cuerpos.
También tienen un olfato y un oído muy agudizados, suelen tener una voz encantadora con la que seducen a sus víctimas y además algunos de ellos son capaces de transformarse en animales.
A muchos vampiros les gusta el mal y el caos, es por eso que la mayoría viven en la zona de Rómenna. No son seres del todo solitarios, les gusta vivir en comunidad. Y de vez en cuando, cuando despierta en ellos la sed salen en busca de víctimas humanas.
Hay dos tipos de vampiros: los de pura sangre, que nacieron vampiros y los de sangre sucia que antes de transformarse eran humanos. En ocasiones los vampiros se encaprichan de ciertos humanos y en vez de matarlos los convierten mediante un antiguo ritual en uno de los suyos.
Evidentemente, los vampiros de sangre pura son más poderosos tanto a nivel mágico como físico.
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